Si tu hijo tomó biberón por mucho tiempo, es posible que hoy enfrente un problema que no siempre es visible a simple vista: la mordida abierta por biberón.
Este es uno de los problemas dentales más frecuentes en niños y, si no se detecta a tiempo, puede complicarse con los años.
En este artículo te explicamos qué es, cómo reconocerla y qué puedes hacer para corregirla.
Cuando un bebé toma leche del pecho, la lengua se coloca en el paladar y los labios se cierran con fuerza. Ese movimiento estimula correctamente el desarrollo de los huesos de la cara.
Con el biberón, en cambio, la dinámica es diferente. La lengua tiende a empujar hacia adelante para regular el flujo de leche, los labios adoptan una postura en forma de “O” y los músculos faciales no se activan de la misma manera.
Cuando este hábito se prolonga más allá de los 2 años, esa presión repetida puede alterar el crecimiento del maxilar e impedir que los dientes hagan contacto al cerrar la boca.
Detectar la mordida abierta a tiempo hace toda la diferencia en el tratamiento. Estas son las señales más claras:
| Señal | Qué observar |
| Espacio visible entre dientes | Al cerrar la boca, los dientes delanteros no se juntan |
| Mastica con los lados | Muerde por los costados pero no por el frente |
| Problemas al hablar | Dificultad para pronunciar la “s”, la “t” o la “d” con claridad |
| Lengua entre los dientes | Tiende a sacar la lengua al hablar o al tragar |
| Respiración por la boca | Respira por la boca frecuentemente, incluso de día |
| Dificultad para morder alimentos | No puede morder un sándwich o una manzana de forma normal |
La mordida abierta puede comenzar a manifestarse a partir de los 3 años, especialmente si el uso del biberón o del chupete se extendió más allá de esa edad.
El período más crítico es entre los 2 y los 6 años, cuando los dientes de leche están presentes y los huesos aún son muy moldeables. Durante esa etapa, el hábito puede corregirse con relativa facilidad si se actúa a tiempo.
El biberón no siempre actúa solo. Con frecuencia se combina con otros hábitos que refuerzan el problema:

En niños muy pequeños, si el hábito se elimina antes de los 3 años, existe la posibilidad de que la mordida se corrija de forma espontánea porque los huesos aún están en formación.
Sin embargo, si el hábito persiste más tiempo o ya están saliendo los dientes permanentes, la corrección espontánea es muy poco probable. En esos casos es necesaria la intervención de un ortodoncista.
Muchos padres piensan que la mordida abierta es solo un problema estético. Pero sus efectos van mucho más allá:
En adultos que nunca recibieron tratamiento, los casos más severos pueden requerir cirugía ortognática. Todo eso se puede evitar con una consulta temprana.
Los especialistas recomiendan la primera evaluación ortodóntica alrededor de los 6 años, cuando ya conviven dientes de leche y permanentes y se puede hacer un diagnóstico preciso del desarrollo dental y facial.
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